sábado, 7 de marzo de 2020

EL VIRUS QUE PUEDE CAMBIAR LAS RELACIONES DE FUERZA




Naom Chomsky manifiesta con acierto que la guerra mundial que se está desarrollando en nuestro planeta es la de lo PRIVADO contra lo PÚBLICO, es decir (y simplificando) la de las corporaciones contra los Estados de Bienestar (aunque estos sean incipientes o incompletos).
Esta guerra tendría su punto de partida en la segunda mitad de la década del 70 cuando empieza el predominio de las finanzas sobre la producción de bienes, y sus expresiones más concretas son las políticas económicas llevadas a cabo por Margaret Thatcher en Reino Unido y Pinochet en Chile (también la política de Martinez de Hoz, aquí, aunque con matices).
Este fenómeno implicó el retroceso sostenido de la intervención estatal en la economía y los servicios básicos a favor de la esfera privada, esquema que se vió fortalecido con el derrumbe del mundo soviético a partir del año 1989 (aunque paralelamente se produjo la paulatina pero firme deslocalización industrial de los países centrales hacia la periferia, aspecto que tuvo y tiene beneficios y perjuicios que no analizaremos en esta nota).
La crisis de las hipotecas que se produjo en los años 2007-2008 llevó a los bancos centrales a inyectar en el mundo desarrollado ingente cantidades de dinero líquido, pero esos fondos no fueron a reforzar el sistema estatal si no a salvaguardar la solidez del sistema bancario privado y esta crisis sirvió de excusa para reducir en forma concreta los gastos estatales en salud, educación y servicios sociales dentro de la Unión Europea, es decir que implicó un reforzamiento de la tendencia hacia el dominio del mundo privado sobre los Estados - podríamos afirmar como excepción que EEUU propició un sistema de cobertura médica universal, el llamado Obamacare, que se concretó a medias y resultó una pequeña batalla ganada para el lado de lo público – especialmente utilizando el mecanismo de la deuda externa como fórceps para restringir presupuestos y por ende desmejorando las prestaciones básicas.
En América Latina, Rusia y en algunos pocos países más se dio un contrafenómeno a partir del nuevo siglo que implicó un fortalecimiento de las políticas públicas, en distintos procesos y bajo diferentes formas, aunque este movimiento ha sufrido grandes retrocesos, como sabemos bien los argentinos.
La crisis del coronavirus y su expansión casi inmediata a todo el globo quizás tenga un costado beneficioso: la vuelta a la inversión pública en sistemas de salud de calidad, universales y preparados para contingencias excepcionales, ya que es imposible pensar que las sociedades admitan más recortes y/o privatizaciones en estos tópicos; la confesión de Macron –un tecnócrata neoliberal- no hace otra cosa que reafirmar esta hipótesis.
Con la crisis económica que se avecina, muchas corporaciones quedarán expuestas a grandes deudas (petroleras, compañías de aviación, turismo, entretenimiento, etc) y reclamarán ayuda del sistema bancario que a su vez pedirá fondos a los bancos centrales. Es esperable que las sociedades que fueron afectadas por el colapso de su sistema de salud reclamen que debe atenderse prioritariamente el fortalecimiento de éste y no ayudar a empresas que tienen buena parte de sus ganancias en guaridas fiscales.
Sería una batalla ganada muy importante en la Guerra Mundial que estamos padeciendo.

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